Todo empieza con una mirada, la mía fue la primera que te buscó, y al final lo consiguió, pero hay algunas veces que se pierde tarde o temprano.
Y fueron pasando las horas en las que te miraba de reojo, los días en los que te tiraba indirectas que solo tu no entendías, y los meses en los que te cogí la mano y tu no sentías nada. Pero todo eso cambió, tu eras el que me mirabas, eras el que me tiraba indirectas y el que me cogía la mano para pedirme una señal para continuar.
La mano sabías que te correspondía, las indirectas sabías lo que significaban, y las miradas eran para ti, lo aprovechaste al máximo y hasta el límite. Día tras día demostrabas que algo sentías, q
ue algo querías y que algo necesitabas de alguien como yo.Poco a poco fuiste encontrando lo que querías, a veces con el grado no buscado, ya que el que necesitabas era mayor, pero en algunos momentos poco más se puede hacer. Las miradas ya tenían un sentido más allá, los pensamientos eran lo suficientemente intensos para sentirlos des de la otra parte del mundo, y las caricias no hacía falta pedirlas porque estaban ya en nuestra costumbre.
Un día quisiste demostrar los sentimientos, sabías como complacer un deseo querido, y lo hiciste, solo dos rosas rojas bastaron para decir dos palabras nunca pronunciadas, que nunca se pronunciarían por miedo a no ser entendidas o a no ser compartidas.
Seguían pasando los momentos compartidos, los cafés y las charlas que nunca acababan, porque sin decir nada ninguno de los dos quería separarse.
Un día tras otro, las miradas continuaban, aunque nadie lo comprendiera ese era nuestro lenguaje, esas eran nuestras conversaciones, esos eran nuestros sentimientos y nuestros deseos por compartir.
La discusión fue un fallo que debíamos pasar, esas miradas de rabia contenida y esas palabras que queríamos decir y nunca dijimos porque no nos merecíamos ningún mal, ninguna mala cara y menos para romper algo que podía seguir.
Dos semanas sin sentir, sin ver y sin demostrar. Así pasaron. Pero tarde o temprano volvimos a mirarnos disimuladamente y ha hablarnos en ese lenguaje de miradas que solo tu y yo entendíamos.
Volví a ver esa sonrisa que tanto esperaba que me dedicaras cada mañana, cada tarde y cada noche, porque era lo que necesitaba en esos momentos, y tu lo sabías y querías regalármelo.
Pero nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes...porque la distancia es mala...porque si algo quieres debes luchar por conseguirlo y conservarlo...
Un día todo cambió, por una llamada realizada en horas que no debías, por un saludo que no se efectuó, y por esas miradas que no respondí.
Ahora las rosas rojas están secas, con un color sin color. Las miradas ya no son hacia mi, porque ese lenguaje lo usas con otra persona que no soy yo. Ya no existen esas caricias que nos pedíamos a escondidas, esos besos que necesitábamos por pequeños que fueran, y ya no consigo una sonrisa tuya por las mañanas, por las tardes y menos por las noches.
Porque todo puede cambiar en cuestión de minutos y nunca lo esperas. Es tarde, ya nunca me mirarás con los mismos ojos y no me cojeras la mano como la primera vez.
Ahora se que debería haberte dicho las dos palabras nunca pronunciadas...

